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LA VIDA ALREDEDOR (GRITOS Y SUSURROS)
Por Raúl Cerezo Corto(h)omenaje
Me sorprende que una de las frases más comunes para defender el
cortometraje sea hoy en día una de las maneras más falsas de
proclamarlo: “El cortometraje es el medio de más libre expresión que
existe”, se suele rezar. Mentira.
Hoy en día, existe una corriente general en los cortos que no puede
ser fruto de la casualidad: cortos sociales con grandes dosis de
demagogia, cortos chiste-gag con la pedorreta final por bandera y
cortos excesivamente bienintencionados, entre otras lindezas.
El motivo de estudio y atención se debe a que llevamos muchos años
sufriendo en los palmarés de los festivales de cortometrajes gran
número de “ataques” a la supuesta libertad del medio. Prácticamente
un 85 por ciento de los trabajos premiados y seleccionados se
engloba en esta característica, y uno se pregunta el porqué y uno se
lanza incluso a dirigir un festival de cortos, después de hacerlos
sin englobarse en esa bola de nieve rota. Pero la respuesta es más
sencilla de lo que parece. Los
234 festivales oficiales de cortometrajes que acontecen en nuestro
país tienen en un 73 por ciento ayuda y proyección pública. Hay
muchos festivales magníficos, sin duda, pero el problema es que hay
un gran número de festivales que no lo son. Los festivales de
cortometrajes suelen estar aprobados por funcionarios que tienen que
justificar algunos gastos en cultura y no saben donde ponerlos, y ya
les sobra demasiado. Total, que se les presenta un grupo de chavales
(y no tan chavales) enamorados del medio y bla bla bla que desean
hacerlo en sus instalaciones y con sus (mínimos) dineros, un canto
al cine en forma de festival de cortometrajes, ya que se realizan
500 producciones cortas en nuestro país y haciendo un filtro con
criterio se puede conseguir una producción cultural, cualitativa y
agradable para la villa donde se celebre.
Muchos dicen que sí y empieza el lío. Normalmente, o no se cobra o
se cobra poco, y lo poco que se cobra (por un año de trabajo) se
cobra tarde y mal. Pero no pasa nada, vamos a luchar en pro del
cuento audiovisual y del cine en sí mismo, venga, vamos a ello.
De repente, te plantas en el final de una primera edición que queda
muy bien salvada, pero a lo mejor los funcionarios se fijan
demasiado y piensan que se deberían cancelar cortometrajes que
puedan atentar contra la sensibilidad del espectador. No hablo de
cortos donde salga sexo explícito, no. A lo mejor cierto cine
fantástico con alguna gotita de sangre puede ser molesto. ¿Molesto
para quién? Pues hombre, molesto para el público. Atención, señores,
la libertad en los festivales empieza a no existir y empezamos a
emparentarnos con lo malo de nuestro hermano mayor: el largometraje.
Pero no se vayan todavía...
...total, que la cosa no acaba aquí, sino que a lo mejor otras
decisiones de otras (cualesquiera) índoles deberían ser más “bonicas”,
ya que el escudo del ayuntamiento está demasiado cerca. Venga, fuera
el premiado que ha elegido un jurado cualificado en un concurso
anexo y vamos a pasar a elegirlo nosotros, los funcionarios, que
sabemos lo que hacemos. Al fin y al cabo el cine es subjetivo, ¿no?
Nadie sabe más que nadie.
Total, que ya empiezan dichos funcionarios y las familias de los
funcionarios a meterse en la programación, a cambiar este corto y
aquél e incluso a meter mano, porqué no, en la página web. Leñe, son
los que pagan, ¿no? ¿No queríais hacer cine, jovenzuelos? Pues
nosotros somos lo más parecido a eso que llamáis productores.
El festival, entonces, pierde toda la coherencia del mundo y
aquellos chicos soñadores tienen dos opciones: dejar el país sin un
festival más o dejarlo en manos de otros. En cualquier caso, ya no
será un festival libre.
Imaginad que esto que os cuento ocurre en gran parte de los
festivales. Pardiez, poneos en su lugar: cuanta más gente del pueblo
vaya y más gente quede contenta, más votos. Es normal, ¿no?
Cualquier actividad que salga de las arcas ha de dejar contentos a
los asistentes porque da votos y los votos dan actividades. Mejor
para todos, ¿no? Porque, hombre, ¿quién quiere un festival lleno de
cinéfilos contentos y freakies del cortometraje? No, no, ha de ir
desde la panadera hasta el mecánico de la esquina y a ellos seguro
que les gusta más el corto de la pobre inmigrante pariendo en la
calle. Que sí, que le remueve la conciencia. Que sí, que esas cosas
les hacen b(v)otar. Pero
vayamos más allá, quitémonos del medio a estos cinéfilos pintas que
lo fundaron, que seguro que tienen mejores cosas que hacer y ya
disfrutaron el primer año, y pasemos a gobernar esto nosotros, que
está chulo y no parece muy caro. Además de que pagamos, ¿no?
Y nada de incrementos económicos para que los cortos se oigan y se
vean mejor en las proyecciones, la gente con esto tiene bastante.
¿Qué decían los pintas sobre el asunto? No me refresquéis la
memoria, que no es útil.
Entonces, ya nos encontramos con unas pautas obligadas para acceder
a la selección de la programación y al palmarés. Porque claro, los
jurados con todo esto suelen estar de acuerdo o, directamente, no
tienen más narices. Y cuando las tienen, les llega un filtro ya
“selecto”. Bien, pues poneos
ahora en que sois un cortometrajista que tienes un estilo que no
casa con la programación que os cuento y crees que puedes hacer
cosas, pero no van a dejarte demostrarlo si sigues por ese camino.
Total, que tienes una idea y tienes dos opciones: hacerla como tú
crees que puede valer o hacerla como tú crees que puede encajar con
los premios y te puede dar motivación y dinero para hacer otras
cosas. Asimismo, para vender tu historia la mejor arma es decir que
funcionará en festivales y demostrarlo. Porque claro, no quieres
arruinar otra vez a tu familia sin fundamento y las subvenciones
seguro que también valoran más a alguien con palmarés engordado.
Bien, tienes dos opciones para hacerlo. Ahora, yo te pregunto, ávido
lector: ¿qué grado de valentía crees que hay en los cortometrajistas
españoles? ¿cuánta gente crees que realiza el cortometraje pensando
en lo que él quiere y cuánta crees que lo hace pensando en el
premio? Piénsalo bien, amigo,
en la respuesta seguramente tengas la llave para acceder a la
calidad que en un futuro tenga la cinematografía de todo un país. |